Mesón asador Casa Eduardo
Categoría: Restaurantes
Cudillero | Asturias | España | Europa

En Cudillero
Mesón asador Casa Eduardo localizado en San Martín de Luiña un fantástico lugar en la zona de Cudillero, ofrece una comida y un ambiente inspirado en la cultura de Cudillero. Un rincón junto al mar para degustar el pescado de Asturias.
Cocina tradicional
Nuestra cocina es tradicional pero con un toque especial, con una selección de platillos basados en los mejores productos de la tierra y el mar son los que componen nuestra carta deleitando vuestro paladar.
Como en casa
En el Mesón asador Casa Eduardo ofrecemos comodidad para el cliente y así poder sentirse como en casa. No dude y venga a celebrar su cena para grupos, empresa, cumpleaños o cualquier evento.
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Mesón asador Casa Eduardo

Mesón asador Casa Eduardo localizado en San Martín de Luiña un fantástico lugar en la zona de Cudillero, ofrece una comida y un ambiente inspirado en la cultura de Cudillero. Un rincón junto al mar para degustar el pescado de Asturias. Nos encontramos en zona acogedora sin ruidos y con mucho encanto. en un entorno tranquilo también contamos con una amplia terraza donde degustaras de nuestra cocina típica, especialidad en asados, comida casera y jornadas gastronómicas

Nuestra cocina es tradicional pero con un toque especial, con una selección de platillos basados en los mejores productos de la tierra y el mar son los que componen nuestra carta deleitando vuestro paladar.

El Mesón asador Casa Eduardo, es una empresa familiar, atendida personalmente por sus propietarios José Manuel y Bertha Alicia, siendo un matrimonio español y mexicano, por lo que contamos también con un exquisita carta de comida típica de México con productos 100% mexicanos y asi poder mostrar un poco de nuestro país atreves de sus platillos.

Esmerándonos día con día para darles un excelente servicio así como el personal con que contamos dando un trato personal, acérquese y venga a conocer nuestro restaurante con comida asturiana y mexicana.

En el Mesón asador Casa Eduardo ofrecemos comodidad para el cliente y asi poder sentirse como en casa. No dude y venga a celebrar su cena para grupos, empresa, cumpleaños o cualquier evento.

Cudillero es un pueblo típico, de origen pesquero, donde resulta agradable pasar unas horas recorriendo el puerto o subiendo y bajando las escaleras que configuran el casco urbano.

Historia de Cudillero

El concejo de Cudillero, como tal, comienza su particular andadura en el siglo XIX. Su historia ha estado invariablemente unida a la comarca del bajo Nalón y, desde su creación, a Pravia, cabecera de la misma. Pese a esa ligazón histórica con la comarca praviana, se puede hacer referencia a algunos rasgos que de algún modo lo particularizan.

El asentamiento humano en lugares del concejo, ya en la Prehistoria, queda probado con el descubrimiento de cantos tallados y variado instrumental en Salamir y La Atalaya, núcleos rurales pertenecientes a las parroquias de San Martín de Luiña y Santa María de Piñera, respectivamente.

La presencia del pueblo prerromano de los pésicos, habitantes de castros, se deja sentir en toda la zona, algo a lo que Cudillero, obviamente, no permanece ajeno, siendo inventariados cinco de estos poblados fortificados: La Garita, en Riego Arriba (lugar de la parroquia de Oviñana) y La Cavona, en Lamuño (San Martín de Luiña), ambos hallados por José Manuel González; El Curión (con dos: uno en las cercanías del río Ferrera, Faedo, y el otro en Aroncés, dentro de la parroquia de Santa María de Piñera) y El Castro, localizado en Peñedo (San Juan de Piñera). La Edad Media proporciona los primeros documentos escritos referidos al ámbito territorial de lo que hoy en día es este término municipal.

Noticias históricas relativas a algunos lugares de Cudillero ya se tienen en el s. X (Alta Edad Media), cuando está a punto de concluir el período de la monarquía astur. La primera es del año 905: según Ciriaco Miguel Vigil, en Asturias monumental, epigráfica y diplomática (Oviedo, 1887), «Alfonso III dona á la Basílica Ovetense [San Salvador], entre otras Iglesias, la de Santa María de Velandres», hoy caserío de la parroquia de San Juan de Piñera. «Orderías, aldea de Faedo, Novellana y los valles de las Luiñas y de Santa Marina aparecen citados en diversos documentos fechados en 1125, 1158 y 1216» (Juan Luis Álvarez del Busto).

El hecho más trascendente del siglo XIII es la aparición de la primera noticia acerca de la existencia de la hoy villa de Cudillero, en la donación efectuada por Arias González Valdés al monasterio de Obona (concejo de Tineo, Asturias), en 1285, de «un suelo en el puerto de Cudillero, donde pudieran vender pan, y una cabaña con salida al mar sin que ningún señor se lo estorbase».

Agustín Bravo (Roque), cualificado autor de Cudillero (t. 3 de la obra «Asturias» dirigida por Bellmunt y Canella y publicada en 1900), supone que los primeros pobladores de la villa-capital eran pescadores procedentes de otros puertos de la costa cantábrica o de mares más alejados y escapados de los normandos, que se instalaron aquí por la fácil entrada y la situación resguardada del puerto, dándole el nombre de Codillero (quizá proveniente de «codo» o «codillo», en alusión a la forma del puerto), así llamado en el siglo XIII. Cabe otra interpretación: que dicho topónimo derive de la palabra latina cos-cotis («piedra»), concretamente de cotellum-cotellarium, [en castellano] «pedrero, playa de guijarros» (Álvarez del Busto). Estas gentes tenían modos de vida distintos a los de los labradores de la zona, por lo que tardaron mucho tiempo en entremezclarse.

Si los habitantes del concejo reciben el nombre de cudillerenses, los de la villa son conocidos como pixuetos, en clara correspondencia con la actividad dominante de la pesca, pues pixueto tiene su origen en el vocablo latino piscis y la terminación germánica ottu (Álvarez del Busto). En Cudillero vivían en barrios separados los pixuetos, instalados éstos en las proximidades del mar, y los caízos o terrestres, en el barrio de La Cai, a los que los primeros ignoraban por completo, manteniéndolos discriminados.

Gran parte del concejo de Cudillero estuvo bajo el poder feudal de los Omaña durante cerca de trescientos años (del XIII al XVI). A pesar de no tratarse de un coto jurisdiccional, A. J. de Banzes alude a las vejatorias imposiciones de esta poderosísima familia: «Los señores de la Casa de Omaña [...] tenían extraordinarias regalías, que es de tradición las perdieron por un litigio. No se podía poner fuego, abrir puerta ni ventana, antes que ellos lo hiciesen, en casa alguna del pueblo; y sin su licencia, ni se fabricaba alguna de nuevo. Tenía un pez de cada barco, que valía en la concha; y puerta particular para entrar en la iglesia...». Esta denigrante situación propició frecuentes enfrentamientos con los disconformes pixuetos, recurriéndose a armas y, mayormente, a pleitos para zanjar diferencias.

El Palación o Castiallu, nombre de la casa feudal de los Omaña, estaba instalado en el solar donde se levantó el Ayuntamiento en el s. XIX, junto a la iglesia. Imponía su posición, altiva, sobre una roca en el fondo del pequeño abrigo costero, dominando el puerto. Se trataba, según Fortunato Selgas, de «un edificio de planta irregular, debido a las desigualdades de la roca en que se sustentaba; y sus muros, de estructura incierta, trabajados de fortísima argamasa, tenían gran anchura, especialmente en los sitios más fáciles de expugnar». Por su parte, A. Bravo lo describe como «fuerte, con saeteras, almenas y torre del homenaje, con chimenea-anuncio para encender los hogares de las demás casas». A pesar de todo, Cudillero se convirtió en un famoso centro pesquero, que en el siglo XV solicitó la concesión del privilegio del alfolí (almacén) de la sal, petición, al parecer, no concedida nunca. Durante la etapa feudal, los pescadores formaron su gremio. De aquí salieron, otrora, intrépidos pescadores hacia las costas de Flandes, Inglaterra, Escocia o Portugal, y fueron muchos los que participaron en el cerco a Gibraltar y en las campañas de conquista de Sevilla y La Florida.

La Edad Moderna confirma a la villa pixueta como uno de los principales centros pesqueros del frente marítimo asturiano. Las obras de remodelación del puerto comenzaron en 1787 y, según Jovellanos, costaron 400.000 reales. Sin embargo, pese a los trabajos realizados en el transcurso del siglo XIX, en las postrimerías de esa centuria A. Bravo denuncia que la infraestructura portuaria resulta insuficiente para enfrentarse a la intensa actividad que en ella tiene lugar.

Este mismo autor (ob. cit.) afirma que «[el] concejo de Cudillero formó parte del de Pravia hasta el año 1837, en que se separó definitivamente, habiéndolo estado, temporalmente, durante los breves periodos constitucionales de 1812 y 1820».

Nace el siglo XX y con él brilla en todo su esplendor la soberbia quinta de los Selgas en El Pito (lugar lindante con la villa de Cudillero), levantada a finales del XIX, conjunto de palacio, jardines y pabellones diseñado por el ilustre arqueólogo Fortunato Selgas —dueño de la misma junto con sus hermanos Ezequiel y Francisca—, del que forma parte la impactante iglesia de Jesús de Nazareno, frente al palacio, y las escuelas de El Pito (1914), que disfrutaban de un notable prestigio, siendo entonces consideradas como uno de los centros pedagógicos más novedosos del país, donde, por iniciativa privada, se impartía enseñanza gratuita a los niños de la zona.

El contrapunto a tanta brillantez lo ponen los sombríos, trágicos acontecimientos de la guerra civil. Unos meses antes de la insurrección, la ultraderecha había sido la responsable del asesinato a balazos del líder de Izquierda Republicana de Cudillero, Bonifacio López. La tensión se dispara. El 17 de marzo de 1936, los parlamentarios asturianos del Frente Popular presionan para que un juez especial aclare dicho atentado ante lo que estiman «elementos fascistas protegidos descaradamente por la fuerza pública». Iniciadas las hostilidades, Novellana cae el 21 de agosto de 1936 en manos de las columnas gallegas costeras, fieles al Alzamiento, y la capital del concejo es tomada el 5 de septiembre.

Entre los hechos recientes más relevantes cabe destacar la adjudicación efectuada en 1969 por parte del Ministerio de Obras Públicas de la obra para la construcción del nuevo puerto de Cudillero, concluido al fin en 1984. Por otra parte, la quinta de los Selgas, de incalculable valor artístico, ha pasado a ser regida, en los últimos tiempos, por la Fundación Selgas-Fagalde. Histórica para el concejo fue la visita del heredero de la Corona, D. Felipe de Borbón, a los pueblos de Novellana y Soto de Luiña, con motivo de la entrega a ambos del premio Príncipe de Asturias al Pueblo Ejemplar —en esta ocasión, compartido—, correspondiente al año 1992.

«Hay en el concejo once brañas vaqueiras. Nueve en la parroquia de San Martín de Luiña, una en la de Santiago de Novellana y otra en la de Ballota. Los vaqueiros, al igual que en otros concejos, sufrían constantes humillaciones por el resto de los vecinos, materializándose el límite entre unos y otros, en la inscripción aún existente en el interior de la iglesia de San Martín de Luiña: "No pasen de aquí a oir misa los vaqueiros". Algo parecido ocurría en Novellana, donde los vaqueiros no podían recibir la comunión a no ser a la entrada del templo» (Álvarez del Busto).

Los Mariscos

Ha sido el mar —y en buena medida sigue siendo— una de las fuentes de riqueza, no sólo gastronómica, del Principado, gracias a sus más de trescientos kilómetros de costa y sus numerosos puertos pesqueros. Como ya adelantábamos, en Asturias predominan las variedades de pesca de bajura y con frecuencia los artes más artesanales. Capturas en roquedos y bancos no demasiado alejados de las costas, con unos excelentes niveles de calidad.

Tal es el caso de unos mariscos conocidos como “del Cantábrico” que gozan de extraordinaria fama entre los consumidores expertos, que diferencian enseguida entre los sabores y texturas de langostas, “bugres” (bogavantes) y centollos importados de las costas del norte de Europa, el África atlántica o el Canadá.

Especies frecuentes en las mesas asturianas son igualmente la “ñocla” (buey de mar) o la “andarica” (nécora), el percebe, la quisquilla y la cigala. Lo son también la almeja fina, el mejillón, la ostra, la gamba, el gambón o el langostino.

Lugar aparte merecen la “llámpara” (lapa) molusco singular, y por encima de todo, el “oriciu”, el erizo de mar que nadie retrató mejor que el gallego Julio Camba cuando escribió su conocida sentencia: “un extracto de mar, un hálito de borrasca, una esencia de tempestades”. Los asturianos nos hemos destacado desde muy atrás por ser pioneros en su consumo —los gijoneses se llevan la palma en el lance—, en momentos distintos de los actuales, cuando apenas era valorado en la mayoría de las costas españolas y mucho menos aún en las tierras de interior.

Todos estos mariscos son compañeros frecuentes de la sidra en los numerosos establecimientos de este tramo en la región. Lo que no está reñido con su consumo doméstico ni con la posibilidad de convertirlos en ingrediente de platos elaborados, por más que la fórmula más habitual sea al natural, tras la cocción más elemental.

Pescados de agua salada

Es fama justificada que los peces de aguas batidas son más sabrosos que los de otras más tranquilas. En el Cantábrico, que es como se llama en el Norte a esa parte del Atlántico que baña sus costas, tal impresión es generalizada, algo que también suelen percibir sin dificultad los visitantes.

Asturias, dispone de técnicas de pesca próximas a la pesca artesanal, con flotillas predominantemente de bajura, que desembarcan, por orden de importancia, especies como la merluza —y su hermana menor, la pescadilla—, el bonito, la bacalada, la sardina, el “pixín” (rape), el bocarte (boquerón), el gallo, el “chicharru” (jurel), el congrio, la “furagaña” y el “robayu” (lubina pequeña y grande respectivamente), el besugo, el salmonete y la “xarda” o “verdel” (caballa).

Otras especies menos abundantes, pero que pueden sin embargo ser bien típicas en las mesas de la hostelería o de los hogares asturianos, son el calamar (“chipirón” cuando es pequeño), el “tiñosu” (escorpena o cabracho), la chopa, el “golondru” (borracho o rubio), la “fañeca” (faneca o eglefino), el rey o virrey (que conviene no confundir con la palometa roja, mucho menos fina), la “gallapota” (maruca), el samartín (pez de San Pedro), el “rubiel” (pargo) o la “pica” (breca), entre otras que suponen un desembarco anual medio de veinte mil toneladas repartidas entre los diecisiete puertos pesqueros del Principado y sus respectivas rulas (lonjas), a la cabeza de las cuales figura Avilés, que acapara más del setenta y cinco por ciento del volumen regional.

Iglesia de San Martín de Luiña

Magnífico lugar de culto, emplazado en Escalada, lugar y capital de la parroquia de San Martín de Luiña. Sustituta de otra más antigua, se edificó, en su solar, en el s. XVIII; sobre el dintel figura reflejada la fecha de 1726. Comparte con la parroquial de Santa María de Soto de Luiña rasgos muy extendidos en los templos de la zona litoral: pórticos laterales y torre a los pies. La planta es de cruz latina, incluida en un rectángulo. Los muros son de mampostería enlucida y notable sillar, éste visto en arcos, esquinas, cornisas y pilares. Tiene tres naves, bóvedas de crucería cubriendo todos los tramos, con excepción de un crucero no resaltado exteriormente que culmina en cúpula semiesférica, y capilla única; la cuadrada torre-pórtico de la fachada, de tres cuerpos con atrio en el bajo, es estilizada y los dos pórticos laterales cuentan con tres arcos de medio punto apoyados en pilastras de bien trabajados sillares. La tribuna, ubicada a los pies de la nave, se dispone sobre un gran arco rebajado. En el suelo del templo, de losas, hay inscripciones que marcaban el límite a los vaqueiros de alzada, discriminados por los marnuetos o aldeanos de la marina; así, en el piso de la nave central se lee la siguiente advertencia: «No pasen de aquí a oír misa los vaqueiros»; otras señalan el sitio donde debían ser enterrados nobles, pueblo llano, forasteros, vaqueiros, niños... En la portada principal, de estilo barroco, hay decoración esculpida; muestra pilastras acanaladas que la encuadran, con molduras de orejas y remate en frontón. Las puertas laterales tienen también su mérito. Ornato a base de estrías y rosetas se exhibe en la imposta extendida por los muros. Guarda tres meritorios retablos dieciochescos, asignados al escultor ovetense Gabriel Antonio Fernández; en el banco del mayor se hace referencia al año en que fue dorado, 1756. Aunque las imágenes se destruyeron durante la Guerra Civil, en los retablos situados a uno y otro lado del principal —el de la derecha reservado al tema de la Pasión de Cristo; el de la izquierda, a la vida de la Virgen— se mantienen excelentes relieves historiados.

Declarado Bien de Interés Cultural por la Consejería de Cultura del Principado de Asturias en 1999, el templo está considerado como «uno de los prototipos mejor definidos de la iglesia costera asturiana, tanto en su valor de conjunto, como en la conservación de la mayor parte de sus componentes característicos».

Ruta Ballota - Santa Marina - Ballota

Itinerario: Ballota - Santa Marina - Ballota

Dificultad: baja

Distancia: 6,38 km

Duración: 1 h 35 min

Recomendaciones: utilizar calzado de montaña

Descripción de la ruta

En el núcleo rural de Ballota, el cual guarda interesantes ejemplares de la arquitectura de indianos, y saliendo por un camino que parte al lado del aparcamiento del Hotel Casa Fernando, debemos pasar el pueblo hasta el cementerio y la iglesia de Santa María, construida en el siglo XVII, que sirvió de asilo a fugitivos y que cuenta con un buen retablo mayor, aunque tal vez lo más destacable es que en ella pueden admirarse dos de los lienzos del pintor Dionisio Fierros, nacido en esta localidad en 1827 y el cual llegó a ser retratista de los reyes y la nobleza. Una vez aquí, debemos rodear la iglesia y llegar a una senda que, en bajada, nos lleva a una antigua fuente primero y al arroyo de San Roque después, el cual deberemos atravesar para empezar a subir hasta llegar a las primeras casas de la localidad de Santa Marina. Una vez allí cruzamos la N-632a, pasando al lado de un pequeño museo etnográfico y después de atravesar la autovía A-8 por debajo, comenzamos a ascender por una pista asfaltada que nos dirige al pueblo de Ventana, aunque poco antes de llegar a él es preciso desviarnos a la derecha por una senda que entre pinos y después de cruzar el río Pasconeiros y de nuevo el arroyo de San Roque, nos lleva directamente a la pista que baja de la capilla de San Roque el Pico, en la que se venera el patrón de la localidad y desde donde podemos disfrutar de unas bellas vistas de la rasa costera. La pista en cuestión nos comunica de nuevo, una vez pasado por debajo de la A-8, con Ballota, límite oeste del concejo de Cudillero, el cual atravesamos y que es nuestro punto de destino y en el que podemos contemplar también una extraordinaria obra de ingeniería como es el viaducto Pintor Fierros, en honor de su hijo más ilustre, inaugurado en 1996 y que con sus 382 m de longitud y 110 m de altura lo convierten en uno de los arcos más grandes de Europa, que lo han hecho merecedor del V Premio Internacional Puente Alcántara. Al lado del mismo se encuentra el área de recreo La Regenta, desde la que se puede disfrutar de maravillosas vistas del pueblo y puentes, así como admirar la imponente escultura de bronce Ensoñaciones de La Regenta, obra del pintor asturiano Miguel Ángel Lombardía.

Cabo Vidio

En el municipio de Cudillero

Posee una de las vistas más pintorescas de la costa asturiana.

El cabo Vidio se encuentra en el litoral asturiano en el concejo de Cudillero y cercano a la población de Riego de Abajo, en la parroquia de Oviñana. Se trata de uno de los cabos más importantes de Asturias, desde el que se puede divisar Estaca de Bares o el Cabo de Peñas. Este cabo forma un acantilado de 80 m sobre el mar y una de sus mayores atracciones son el faro (abajo) y la iglesiona, que es una cueva formada por la erosión del oleaje y que se puede visitar en bajamar.

Cabo Vidio
Cabo Vidio
Cudillero
Cudillero

Cudillero

En el municipio de Cudillero

Historia de Cudillero

El concejo de Cudillero, como tal, comienza su particular andadura en el siglo XIX. Su historia ha estado invariablemente unida a la comarca del bajo Nalón y, desde su creación, a Pravia, cabecera de la misma. Pese a esa ligazón histórica con la comarca praviana, se puede hacer referencia a algunos rasgos que de algún modo lo particularizan.

 

Feria anual de ganados de San Martín

En el municipio de Cudillero

Una de las más destacadas de la región.

Durante la segunda semana de noviembre, se celebra en San Martín de Luiña la tradicional Feria Anual del San Martín.

La localidad pixueta inaugura su fin de semana festivo con un Concurso de Brisca entre seis jugadores el viernes.

 

Feria anual de ganados de San Martín
Feria anual de ganados de San Martín
Playa Silencio - Gavieiro
Playa Silencio - Gavieiro

Playa Silencio - Gavieiro

En el municipio de Cudillero

Notables y estilizados islotes custodian la playa del Silencio dándole forma de concha. Sorprende que, a pesar de la deslumbrante belleza y la tranquilidad del lugar, aún no se haya visto alterada por la masiva presencia de gente. La Ribera del Molín, a occidente, y las islas de Sarna, Sarnina y Punta del Nocedal, por el este, la abrigan y ocultan.

 

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Qué hacer en Asturias
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Sidra y fabes

Son los dos emblemas de la región. Sus historias son casi paralelas y en ambos casos prácticamente milenarias. Los manzanos llegaron a Asturias a través de los árabes, unos cuantos siglos después de que los griegos adorarán al líquido original, denominado zythos, mientras la faba o alubia navegó unos siglos más tarde desde América, implantándose con desparpajo y autoridad.

Se puede afirmar sin riesgo a equivocarse que en ningún sitio del planeta la fabada sabe como aquí. Parece ser que el secreto es la conjunción de factores tan diferentes como un clima suave, un suelo rico en sales minerales, una cocción a fuego lento, y las características peculiares del agua asturiana, ideal para que el resultado sea óptimo. El suelo in uye hasta tal punto que los ricos en calcio dan lugar a pieles más duras y que necesitan más tiempo de cocción, porque hacen de barrera y el calor tarda más en atravesar esa malla natural y llegar al interior.